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	<title>Restaurantes de Pau Arenós</title>
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		<title>Futami</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2013 11:00:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[Can Kenji]]></category>
		<category><![CDATA[Daisuke Kigawa]]></category>
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		<description><![CDATA[Daisuke Kigawa trabajaba en San Diego, voló a Barcelona de vacaciones y su mujer suspiró que era en esta ciudad donde deseaba vivir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-48100"></div></div><div id="attachment_4811" class="wp-caption aligncenter" style="width: 499px"><img class="size-full wp-image-4811" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/05/Futami.jpg" alt="Toni Durban y Daisuke Kigawa con los cuchillos en Futami. Foto: Ferran Nadeu" width="489" height="326" /><p class="wp-caption-text">Toni Durban y Daisuke Kigawa con los cuchillos en Futami. Foto: Ferran Nadeu</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Enric Granados, 10. Barcelona.</li>
<li>T: 93.515.03.12.</li>
<li>Menús de mediodía: de 12,5 a 14,5 y 25 €.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Mecánica a la japonesa</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta es la historia de dos amigos recientes y cómo la restauración les ha reconducido la vida.</p>
<p>Hace poco, Toni Durban era mecánico en una empresa y esa pericia manual la aplica ahora a la fabricación de makis.</p>
<p>Daisuke Kigawa trabajaba en San Diego –donde la orca <em>Ulises</em> señorea el zoo y es una promesa de sushi gigantesco–, voló a Barcelona de vacaciones y su mujer suspiró que era en esta ciudad donde deseaba vivir.</p>
<p>Han cumplido: en diciembre pusieron wasabi a un negocio, Futami, que habita el espacio del finlandés Routa, finalmente congelado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Toni está casado con una japonesa y su suegra aprovechó el viaje de la familia de Daisuke para trasladarles unos objetos.</p>
<p>Todas esas idas y venidas se resumen en que Toni es el ayudante del <em>sushiman</em> rapado y nacido en Tokio.</p>
<p>Entre ellos hablan en inglés y, cuando se enredan con esa lengua que no es la de ninguno de los dos, los auxilia Laia, que estudió japonés y trabaja como camarera en transición laboral.</p>
<p>“Antes de abrir, Daisuke me dio un cursillo rápido y me encargo de los makis”. Toni alza un soplete para soasar el atún y se le ve cómodo en esta nueva mecánica, orgánica y sensible. El catalán ha aprendido bien el cometido y asiste al <em>itamae</em> sin hablar, en una coreografía eficaz para dos que hace poco que bailan juntos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El lugar idóneo es una de las nueve plazas de la barra de la entrada, en concreto frente a Daisuke.</p>
<p>Por casualidad, me ofrecen esa silla, a tocar de los cuchillos del chef. El más largo muestra un filo temible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estuve en Routa en junio del 2010 y tampoco fue fácil comunicarse con los dueños: será que el espacio está predestinado.</p>
<p>Es aventurado predecir qué puesto ocupará Futami en el <em>star system</em> japo de la ciudad y tras <em>palillear</em> el <em>Menú</em> <em>a cargo del chef</em> a 25 euros lo veo cercano a Can Kenji, aunque más formal. Bebo cerveza Asahi, fuera del menú, lo que aumenta la factura a 28,50.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trago y miro y me atraen más los movimientos del chef, la minuciosidad, la limpieza, la habilidad en el corte, que lo que me llevo al buche. No digo que sea deficiente –lo peor, el exceso de sal en la sopa de almejas con sake y mantequilla y unos bivalvos poco jugosos– sino que adolecen de impacto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese menú no incluye el celebrado cóctel de ostra que otros han ensalzado, así que me conformo con un <em>tartar</em> de atún con aguacate y tres tiras de nori para que me organice el bocado, los bocaditos, los sandwichitos.</p>
<p>Ese háztelo-tú-mismo es sabroso, invita a la manualidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La ensalada con pimientos, lechuga y maíz es prescindible, la sopa ya ha sido comentada y el salmón con salsa teriyaki y especias roza a la excelencia.</p>
<p>Acabo con el <em>kaisen chirashi</em>, el “sushi esparcido”, arroz con un-poco-de-todo, trocitos de nori, salmón, atún, cangrejo, huevas con wasabi, que ataco con placer desparramado. Los doriyakis, de judía y de fresa, resultan agradables y el café es del Magnífico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Por qué recomendarlos? Porque he visto trabajar a Daisuke y me parece serio y aplicado aunque sería inteligente organizar ese <em>Menú a cargo del chef</em> con ingredientes y sugerencias menos trilladas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por el momento, lo que me convence es cómo la gastronomía ha unido a un mecánico y un chef que encajan en silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PICA PICA</strong></p>
<p><strong>Atención:</strong> a los menús, con precios para bolsillos y bolsas, 30, 40 y 50 euros.</p>
<p><strong>Recomendable para:</strong> los que quieran conocer un japo de <em>serie media</em>.</p>
<p><strong>Que huyan:</strong> los que no se hipnotizan con el corte del pescado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Gat Blau</title>
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		<pubDate>Wed, 15 May 2013 15:20:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[eco]]></category>
		<category><![CDATA[Gat Blau]]></category>
		<category><![CDATA[Josper]]></category>
		<category><![CDATA[Km 0]]></category>
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		<category><![CDATA[Roner]]></category>
		<category><![CDATA[Slow Food]]></category>
		<category><![CDATA[transgénico]]></category>

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		<description><![CDATA[Este Gat Blau, que fundó la amabilísima Jo Mestres, asociada con Pere Carrió, tiene dos vidas: la alborotada de mediodía, con un MMB, uno de los Mejores Menús de Barcelona, y la sosegada de las noches.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-48000"></div></div><div id="attachment_4801" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><img class="size-full wp-image-4801" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/05/Gat-Blau.jpg" alt="Pere Carrió y Jo Mestres en el restaurante Gat Blau. Foto: Joan Puig" width="490" height="326" /><p class="wp-caption-text">Pere Carrió y Jo Mestres en el restaurante Gat Blau. Foto: Joan Puig</p></div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Consell de Cent, 139. Barcelona.</li>
<li>T: 93.325.61.99</li>
<li>Menús de noche: 21 y 28 € (sin vino).</li>
<li>Menú de mediodía: 11,20 €.</li>
</ul>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Conejo eco y con eco</h1>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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<p><span>Pere Carrió es un fanático de la cocina: a los 18 años se regaló un Roner; a los 25, una Pacojet; con 28 ha conseguido un Josper de segunda mano. Eso es amor sincero por el oficio de chef, y por los aparatejos.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Otros se conforman con coleccionar cartas de restaurantes o en mangar cubiertos. La Pacojet y el Roner lo han acompañado en su circunvalación profesional, que inició en Gat Blau cuando aún era estudiante de hostelería hace una década para regresar al mismo maullido.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
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<div>
<p><span>Cuando aparece en una cocina, carga con una maleta con los trastos.</span></p>
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<p><span><br />
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<div>
<p><span>En el viaje por el Empordà, Rubí y de vuelta a la calle Consell de Cent adquirió reflexión y sospecha por el kilometraje, así desde hace el 2010 Gat Blau es ecológico y adscrito al Km 0. ¡Mau!</span></p>
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<p>&nbsp;</p>
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<div>
<p><span>Escucho a muchos chefs del club que se declaran comprometidos pero sin <em>talibanear</em> o <em>roucovarelar</em>. Pere también aduce a esa flexibilidad: “No compro algo porque sea eco, no es una cuestión de sello. En el caso de los animales lo tengo claro, la certificación me da confianza. Y en cuanto a los transgénicos, ni hablar”.</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Se ocupa de transmitir ese pensamiento a los clientes con hojas volanderas que promocionan el consumo de un plato vegetariano (<em>reduïm la petjada</em>) y la procedencia de la despensa: cerdo de la Vall d’en Bas, ternera de L’Espunyola, potro de la Vall Fosca, verduras del Vallès y de El Prat, pescado de la Barceloneta.</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<div>
<p><span>Este Gat Blau, que fundó la amabilísima Jo Mestres, asociada con Pere, tiene dos vidas: la alborotada de mediodía, con un MMB, uno de los Mejores Menús de Barcelona, a 11,20 euros, y la sosegada de las noches (de momento, jueves y viernes) con menús de 21 y 28 euros.</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<div>
<p><span>En ambos casos, el gato es azul por los pocos billetes que cuesta darle un mordisco. Bueno, y puede que por Roberto Carlos.</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Hay disociación entre la decoración sin decorador, “triste y azul”, y lo que sale de esa cocina, alegre y verdoso.</span></p>
<p><span>En coherencia, una oferta de vinos ecológicos que merece ampliación. <em>Copeteo</em> con el Mas Petit de Parés Baltà, tinto menor.</span></p>
<p><span>Agua gratuita, en botellas ¡azules!, servicio que se agradece y que habla de generosidad y activismo.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>El comienzo es certero con la coca con habitas y <em>cansalada</em>, bocado de intenso sabor (la base es demasiado dura).</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Lo siguiente es radical –lo elige Jo por mí–, los puerros confitados con coles de Bruselas y aceite de cebollino. No soy vegetariano, todo sea por reducir la huella, la próxima vez vendré descalzo. Es bueno, masticador, carnoso, aunque lejos de mi ideal.</span></p>
</div>
<div>
<p><span>La sardina con tapenade y puré de hinojo a la brasa se acerca a mi onda, notable.</span></p>
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<div>
<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Y excelente, la terrina de lomo de conejo del Matarranya, ligeramente escabechado, con puré de guisantes. Conejo en casa del gato. Tierno (“hecho con el Roner”), sin rastro de la pérfida grasilla. Es casi imposible encontrar al primo de Bugs Bunny en las casas afamadas.</span></p>
</div>
<div>
<p><span>¿Por qué los chefs ignoran al roedor? ¿Por familiar y trivial?</span></p>
<p>Los dos postres son para jalear: el sándwich de queso de oveja texturizado y el mini <em>coulant</em> de avellana con helado de vainilla.</p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<p>La corrección es sencilla: ¡no es necesario rematar con cebollino cada plato! Dicho esto, el gato, Pere y Jo tendrán una próspera vida eco. Con eco. Buen restaurante, restaurante, restaurante.</p>
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<p>&nbsp;</p>
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<div>
<p>&nbsp;</p>
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<p><span><strong>PICA PICA</strong></span></p>
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<div>
<p><span style="font-family: inherit"><strong>Atención:</strong> a <span>lo barato que se come a mediodía, incluso por 7,80 €.</span></span></p>
</div>
<div>
<p><span><strong>Recomendable para:</strong> los que sospechan de los transgénicos y otras pestes.</span></p>
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<div>
<p><span><strong>Que huyan:</strong> los que crean que el Km 0 es un camelo.</span></p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>Mont Bar</title>
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		<pubDate>Thu, 09 May 2013 11:21:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[Balfegó]]></category>
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		<category><![CDATA[cocina de taburete]]></category>
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		<description><![CDATA[Iván Castro, criado en Mont, en el Vall d’Aran, donde la familia posee varios restaurantes, ha sido un buen estratega a la hora de presentarse en Barcelona con el sustantivo 'bar' en el nombre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47760"></div></div><p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_4781" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><a href="http://rdp.elperiodico.com/restaurante/mont-bar/attachment/mont-bar-3" rel="attachment wp-att-4781" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-4781" title="Iván Castro (izquierda) y Pedro Salillas, en una mesita de Mont Bar. Foto: Lali Puig" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/05/Mont-Bar2.jpg" alt="Iván Castro (izquierda) y Pedro Salillas, en una mesita de Mont Bar. Foto: Lali Puig" width="490" height="320" /></a><p class="wp-caption-text">Iván Castro (izquierda) y Pedro Salillas, en una mesita de Mont Bar. Foto: Lali Puig</p></div>
<div>
<ul>
<li>Diputació, 220. Barcelona.</li>
<li>T: 93.323.95.90.</li>
<li>Precio medio (aprox): de 20 a 35 € (sin bebida).</li>
</ul>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<h1></h1>
<h1>¡El bar, el bar!</h1>
</div>
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<p>&nbsp;</p>
<p><span><span style="font-family: inherit;">En la tipología <em>bar</em><span style="font-size: small;"> entran más variables que en una discusión de pareja sobre las actividades del fin de semana.</span></span></span></p>
</div>
<div>
<p><span>En el imaginario colectivo, el bar ocupa el último puesto del ecosistema gastro, cápsula de supervivencia donde alimentarse de aperitivos de bolsa y bebidas gasificadas y contemplar la postura inmóvil del hombre-del-quinto-a-sorbitos.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
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<div>
<p><span>Desde la ameba o patata frita primigenia, el bareto ha evolucionado hasta organismos sofisticados como el Mont Bar recién nacido.</span></p>
</div>
<div>
<p><span style="font-family: inherit;"><span>Forma parte de la especie en cuanto a la intención (barra, taburetes, servicio ligero) pero en lo demás habita a </span><em>cañas luz</em><span> de distancia del servilletero de papel, las mesas de fórmica y el hueso de aceituna escupido.</span></span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
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<div>
<p><span>Iván Castro, el dueño con Manel Arjo, criado en Mont, en el Vall d’Aran, donde la familia posee varios restaurantes, ha sido un buen estratega a la hora de presentarse en Barcelona con el sustantivo <em>bar</em> en el nombre, puesto que las ambiciones parecen modestas y las ilusiones, escasas: “Esperamos a la gente de aquí, para una comida en serio o para picar antes o después de ir al cine”. Escuchas eso y le darías una monedilla. Expresado con semejante frase, con el cine como excusa, rodeo o fin, Iván se protege del entusiasmo afiebrado de los cronistas y aunque intento no dejarme llevar por la calentura, escribo que en el tal <em>bar </em>sirven cocina de altura, que es lo propio del taburete.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
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<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Levanta la batuta, entre brasas y Roner, Pedro Salillas, que perfeccionó el tapeo sofisticado en el Ohla y la declamación gastronómica con el maestro Pedro Subijana, con una estancia en Las Vegas con ese tahúr llamado Joël Robuchon.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>La ventresca de atún de Balfegó con emulsión de piñones, bajo campana con humo, a lo Roca, es el ejemplo de cómo la vanguardia ha emparentado con el chateo.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Sentado en la mesa común junto a un ventanal, ordeno la narración para explicar que bebo Bancal del Bosc en copa Riedel y desmigo pan del Forn de Sant Josep antes de tintinear con la cucharilla en el yogur de gambas. Me gusta mucho y sigo sin encontrar el parentesco con los antros donde la salmonella es el ingrediente principal de la ensaladilla.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<p><span>La croqueta de jamón rebozada con panko cumple, el matrimonio de la anchoa con el boquerón casa bien y es un bocado de Pitufo glotón la hamburguesita de vaca <em>dry aged</em> (maduración en seco) con papada ibérica y mollete casero (“¡el trabajo que nos da!”), a la que le sobra la mostaza por agresiva y mamporrera.</span></p>
</div>
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<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>Vuelvo a encontrarme con esa carne increíble al final, que Pedro ha pasado por las brasas. “Viene de Alemania y ha reposado 60 días”, certifica Iván, que estuvo en el Bar Mut, inspirador de este.</span></p>
</div>
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<p><span><br />
</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<div>
<p><span>Sudo con placer con las judías, la <em>botifarra del perol</em> y las tripas de bacalao, me sobra la vieira y el malgastado erizo y escalo a Mont con el fuagrás con brioche del horno La Llibreria y un chorrito de Caligó, <em>vi de boira</em>, texturizado. No lo pretenden pero insinúa un paisaje.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span>El ejercicio de alta cocina de taburete finaliza con el albaricoque de manteca de cacao, que rompo sobre una <em>torradeta</em> de Santa Teresa, ensamblando viejo y nuevo.</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<p><span>Como cantaban los Manel cuando aún creían en el ukelele: “¡El bar, el bar!”. Porque este es el bar.</span></p>
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<p><span><strong>PICA PICA</strong></span></p>
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<div>
<p><span style="font-family: inherit;"><strong>Atención:</strong> al interiorismo, sillas danesas y lámparas de Oslo. ¿Y el <em>disseny</em>?</span></p>
</div>
<div>
<p><span><strong>Recomendable para:</strong> los que está a favor de la evolución del bar.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><span style="font-family: inherit;"><strong>Que huyan:</strong> los que necesitan a las moscas para el picoteo.</span></span></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>Punx</title>
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		<pubDate>Fri, 03 May 2013 16:33:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
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		<description><![CDATA['Punx' de 'punxar'. Verbo gastronómico pero también anímico. Àngel Pascual está que pincha: han sido dos años de crucifixión desde que cerró Lluçanès en la Barceloneta. Acaba de volver.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47640"></div></div><div class="mceTemp mceIEcenter">
<div id="attachment_4805" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><a href="Lali Puig" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-4805" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/05/Puntx.jpg" alt="Àngel Pascual prepara una ensalada con sardinas en Punx. Foto: Lali Puig" width="490" height="326" /></a><p class="wp-caption-text">Àngel Pascual prepara una ensalada con sardinas en Punx. Foto: Lali Puig</p></div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<ul>
<li>Diagonal, 177. Barcelona.</li>
<li>T: 93.557.98.98</li>
<li>Precio medio (aprox): de 20 a 30 € (sin bebida).</li>
<li>Menú mediodía: 11,95 €.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Àngel Pascual tiene ‘punx’</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Punx</em> de <em>punxar</em>. Verbo gastronómico pero también anímico.</p>
<p>Àngel Pascual está que pincha: han sido dos años de crucifixión desde que cerró Lluçanès en la Barceloneta y apagó en un cubo la antorcha de Michelin, que llevó encendida durante 11 años.</p>
<p>Humo y ceniza, ese fue el plato que le sirvieron.</p>
<p>Aunque es el mismo cocinero, la vida profesional es otra.</p>
<p>Abomina del oropel, del servilismo y de los agentes oscuros, gurmets con papada o inspectores a lo Don Tacañón.</p>
<p>Ni siquiera he puesto el culo en la silla y ya lo ha soltado: “Producto y tapeo. Estoy fuera del juego de la alta cocina. Quiero divertir y divertirme, pasármelo bien”.</p>
<p>Nunca pudo celebrar los 20 años del Lluçanès y eso lo dijo con dolor en julio del 2011 y lo repite con resquemor en abril del 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay más movimiento en la restauración barcelonesa que en el programa de centrifugado de una lavadora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras unos meses nocturnos en Kaiku, en la playa de Sant Sebastià, Àngel resucita a golpe de Punx, ocupando el efímero local del Japonés en el edificio Imagina de la Diagonal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en los anuncios de los pisos, “ideal parejas” (Àngel y Rosa Morera), “para entrar a vivir”, en este caso, cocinar. Lo secunda un fiel, Toni, indio, a su lado desde hace un lustro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la cocina abierta –“como en el Lluçanès”, recuerda–, al fondo del rectángulo y señoreando el espacio, un horno Josper, que es el cacharro que anhelan los cocineros como los moteros desean una Harley y su petardeo sofisticado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>#Kocinaurbana, wok, hamburguesa, tartar, tataki, enunciados de <em>no lugar</em> mezclados con el recetario lugareño: los canelones de pollo de corral, el bacalao con tomate y los pescados de la barca la <em>Mar Vella</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asesorado por Gabriel Fort, de El Vaso de Oro, quiere que fluya la cerveza artesana e inaugurará seis surtidores para el borboteo dorado.</p>
<p>La carta de vinos tendría que ser cómplice de la comestible, ligera y atrevida, descolgando las botellas imperiales.</p>
<p>Me acompañan un par de copas de Ca N’Estruc 2012, que resiste el viaje de la sardina al arroz ibérico sin marearse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un equipo de camareras, desenfado y coctelería: ese es el movimiento que el anfitrión desea imprimir a platos, manos y caderas. Servilletas de papel y un menú del día a 11,95, una ganga. Insisto: Àngel se ha apartado de los <em>aristochefs</em> pero es un cocinero bizarro, con cuchillos en el pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Saluda con las canaíllas y las navajas: en el discurso <em>punx </em>son armas. Buenas, tiernas, bien aliñadas.</p>
<p>Sigo con las sardinas curadas con sal y aceite de brasa.</p>
<p>Es exacta la cocción de las almejas, embellecidas con el tomate feo de Tudela.</p>
<p>El wok de verduras con calamar y setas pierde aceite.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rebroto con el #arrozparauno de costilla de cerdo ibérico y pulpo a la gallega, cazuela de hierro churruscada en el Josper.</p>
<p>No es la usual paella acabada en el horno, sino que el proceso ha sucedido íntegro en la caldera. Arroz al horno, pues, una gramínea para el cuadro de honor o amarillo<em>.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Postreo</em> la piña colada con ron y pasas con la que Àngel regresa a la primera casilla, a la de gran chef.</p>
<p>Con mano para la improvisación, es momento de soltarse. Free jazz, <em>free cooking</em>, <em>jam sessions</em> o jamón sesión. Libre de rituales y vasallajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Punch</em> en inglés es puñetazo.</p>
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<p><strong>PICA-PICA</strong></p>
<p><strong>Atención:</strong> al arroz ahumado de Carpier, una rareza.</p>
<p><strong>Recomendable para:</strong> los que crean que hay vida más allá de la estrella.</p>
<p><strong>Que huyan:</strong> los de billetero gordo que esperan genuflexiones.</p>
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			<wfw:commentRss>http://rdp.elperiodico.com/restaurante/punx/feed</wfw:commentRss>
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		<title>Gaig</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Apr 2013 11:16:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[alta cocina popular]]></category>
		<category><![CDATA[canelones]]></category>
		<category><![CDATA[Carles Gaig]]></category>
		<category><![CDATA[casquería]]></category>
		<category><![CDATA[entraña]]></category>
		<category><![CDATA[Fina Navarro]]></category>
		<category><![CDATA[Gaig]]></category>
		<category><![CDATA[Horta]]></category>
		<category><![CDATA[Laurona]]></category>
		<category><![CDATA[macarrones del cardenal]]></category>
		<category><![CDATA[Michelin]]></category>
		<category><![CDATA[MMB]]></category>

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		<description><![CDATA[Carles Gaig y Fina Navarro han redondeado una operación que los libera de un enorme peso financiero y que además cobra sentido, sentimental y común: han unido Gaig y la Fonda Gaig.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47580"></div></div><div id="attachment_4759" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><img class="size-full wp-image-4759" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/04/Gaig.jpg" alt="Carles Gaig y Fina Navarro, en el remodelado Gaig. Foto: Carlos Montañés" width="490" height="326" /><p class="wp-caption-text">Carles Gaig y Fina Navarro, en el remodelado Gaig. Foto: Carlos Montañés</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<ul>
<li>Còrsega, 200. Barcelona.</li>
<li>T: 93.453.20.20</li>
<li>Precio medio (aprox): de 35 a 80 € (sin bebida).</li>
<li>Menú mediodía: 28 €.</li>
</ul>
</div>
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<h1>Gaig + Fonda Gaig = Gaig</h1>
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<p><span style="font-family: inherit">Carles Gaig y la jefa Fina Navarro han redondeado una operación que los libera de un enorme peso financiero y que además cobra sentido, sentimental y común: han unido el Gaig con una estrella Michelin –el que estaba en el Hotel Cram– y la Fonda Gaig.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Ya todo es, sencillamente, Gaig. G + FG = G.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Es como haber regresado al origen, al barrio de Horta, a aquel establecimiento familiar que evolucionó del populismo a la alta cocina popular.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">En el espacio de la calle de Còrsega, reformado por la interiorista Adela Cabré, barajan dos cartas que el cliente mezcla como le da la gana, eligiendo los macarrones del cardenal (12,50 euros) o el lomo de lubina con aceite de limón verde (31).</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Comer con fondo, comer como en la fonda. Y con un menú de mediodía de 28 euros. “Con esta mantelería, estos cubiertos, y este servicio”, señala G con la mano abierta, abarcando los dominios, el comedor en dos niveles y los reservados, satisfecho por la velocidad del traslado y la reforma. La parte central ha sido despejada para dar amplitud.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Deberían haber escogido la reunión mucho antes porque las diferencias entre G y FG eran unos pocos platos, lo que confundía y frustraba.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">En los últimos tiempos compartían el equipo, así que la reunificación entre Este y Oeste ha sido sencilla. Trabajan una treintena de personas para unos 80 clientes. El más veterano, José Campos, 37 años junto a G, un récord en la restauración. ¡A homenajearlo! “Hace 25 años le expliqué cómo tenía que hacer arroz con pichón y le salen todos iguales, perfectos”, se exclama G. Los otros puntales de la institución son Quico Arza y Marc Melet.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Solo han cerrado una semana, pasando de las paredes rojas a las cremosas, de la inflamación a la tranquilidad, más acorde con espíritu gaigniano.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">G ha cumplido 65 años y se reinventa por tercera vez, apoyado en Fina. En su vocabulario existen las palabras <em>canelón</em>, sesos, <em>perdiz</em>, <em>bacalao</em>, pero no <em>jubilación</em>. Es un valiente, señor de Barcelona, marqués de Horta, conde del Eixample.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Mi comida fue el día del estreno, el viernes 5 de abril, nervios y acomodos pero ningún percance destacable. <em>Copeando</em> con un tinto Laurona del 2006, pedí otra vez el <em>lletó de vedella</em> lacado para corroborar que es un plato enorme, perfecto, solo para gurmets formados.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">La entraña es subversiva porque es el despojo que los señores reservaban al pueblo mientras se zampaban el filete. Comer un riñón es otra forma de protestar. Añadamos la idea visceral a la revolución.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Me exalté con la cigala tibia, tirabeques, espárragos y vinagreta de tomate, una pequeña maravilla primaveral, metáfora del renacimiento de G.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">Aprecié la finura del fuagrás de pato a la brasa –¡cuántos matarifes del hígado graso tendría que aprender de aquí!– y se me resistió un poco el lomo de cordero lechal.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">De los dos postres, ideados por Josep Armenteros, me deshice con las texturas de chocolate, frías y calientes.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">En noviembre sabremos si Gaig conserva la estrella: se la dieron hace 20 años, se la ganó hace 20 años. La trasladó de Horta a la calle de Aragó para plantarla en la de Còrsega. Es una estrella errante. Si se la quitan, será Michelin quién más pierda. Porque G ya lo tiene todo ganado. </span></p>
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<p><span style="font-family: inherit"><strong>PICA-PICA</strong></span></p>
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<p><strong>Atención: </strong><span style="font-family: inherit">a los clásicos de la casa, hitos de la restauración barcelonesa.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit"><strong>Recomendable para:</strong> los que admiran la longevidad creativa de un chef.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit"><strong>Que huyan:</strong> los que asocian <em>fonda</em> a platos de cerámica y botijos.</span></p>
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		<title>Les Truites</title>
		<link>http://rdp.elperiodico.com/restaurante/les-truites</link>
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		<pubDate>Thu, 18 Apr 2013 11:06:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[Joan Antoni Miró]]></category>
		<category><![CDATA[L'art de fer truites]]></category>
		<category><![CDATA[Les Truites]]></category>
		<category><![CDATA[tortilla]]></category>
		<category><![CDATA[tortillofóbico]]></category>

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		<description><![CDATA[Sabía de las habilidades de Joan Antoni Miró con los huevos, aunque nunca pensé que saldría de Les Truites con la boca abierta tras la sesión amarilla.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47360"></div></div><div id="attachment_4737" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><img class="size-full wp-image-4737" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/04/Truites.jpg" alt="Joan Antoni Miró y su hijo Marc, con algunas de las creaciones tortilleras. Foto: Martí Fradera" width="490" height="326" /><p class="wp-caption-text">Joan Antoni Miró y su hijo Marc, con algunas de las creaciones tortilleras. Foto: Martí Fradera</p></div>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Dirección: Reus, 22. Barcelona.</li>
<li>Teléfono: 93.418.06.91</li>
<li>Menú de mediodía: 12,50 €.</li>
<li>Plata degustación: 7,25 y 10 €.</li>
</ul>
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<p>&nbsp;</p>
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<h1>Tortilla de cruasán (y buena)</h1>
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<p><span>Sabía de las habilidades de Joan Antoni Miró con los huevos, aunque nunca pensé que saldría de Les Truites con la boca abierta tras la sesión amarilla.</span></p>
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<p><span>Ciérrala de una vez, nene, que entrarán plumas. No es que Joan sea bueno, es que este tío es la yema.</span></p>
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<p><span>Muchos cocinillas, esos terroristas con delantal, aterran a sus víctimas-invitados con experimentos con albúmina, engendros con rellenos caprichosos, por lo que cuando Joan propuso una tortilla de espaguetis a la boloñesa y otra de cruasán pensé que me había entrampado y que debía escapar con urgencias de gallo Claudio. Co-co-co-co.</span></p>
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<div>
<p><span>Pero me quedé y fue un acierto: qué bien ha resuelto los retos. La boloñesa sabía a lo prometido (el pillín mezcla el huevo con trocitos de pasta) y la de cruasán con jamón era una delicia dulzona pero más equilibrada que una profesora de yoga.</span></p>
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<p><span>En ambos casos, el chef  había contenido la grasa en el confín áureo y la masa era compacta sin ser espesa. Sí, ingeniería avícola. Se ha hecho fabricar algunos utensilios de acero, moldes para las fantasías emulsionadas.</span></p>
<p><span>Al espiar la cocinilla, lo admiré. Cuando vivía en pisos de estudiante, disponía de un fuego mejor</span></p>
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<p><span><br />
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<p><span>Les Truites es un bareto del Putxet que ha ¡batido! récords: en 35 años han pasado por las sartenes unos 100.000 huevos. Huevazo en todo el Guinness. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span>Joan se especializó porque no sabía hacer otra cosa. Era camarero, comenzó con bocadillos, un amigo lo instruyó en la tortilla básica, la de patatas.</span></p>
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<p><span>“¡Si hubiese sabido de cocina, no me habría dedicado a las tortillas!”. Tiene razón: solo con los años comprendió que tenía un don.</span></p>
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<p><span><br />
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<p><span>Las 5.30 de la mañana es su hora. </span><span style="font-family: inherit">Solo, ante el fogoncillo, se relaja y va fabricando ruedas como si fuera el primer hombre. Una quincena al día. Vigila aquel relleno, tumba este redondel, sella esa pasta, se asegura de que la piel sea lisa y sensual.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit"><br />
</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit">“No sé si tengo catalogadas 150 o 160 variedades, preparo ya el segundo libro”. El primero, </span><em>L’art de fer truites</em><span style="font-family: inherit">, muestra en la portada la hermosísima de caviar rojo (sucedáneo) y de caviar negro (sucedáneo) y rellena de cangrejo, de trenzada cobertura. Excelente, como los otros 13 bocados con rastro baboso.</span></p>
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<p><span style="font-family: inherit"><br />
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<p><span style="font-family: inherit">Bebí un Penedès fresquito, así, sin determinar, mientras los parroquianos entraban y ardían con un café. Un bar, sin más.</span></p>
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<p><span><br />
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<p><span>Moví las patitas de placer con la de <em>peus de porc</em> con <em>mongeta</em> (“es de las nuevas”),  la de paté y pimienta negra y la de jamón dulce y queso. Esponjosas, bonitas y con el sabor marcado de lo que contenían.</span></p>
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<p><span>A Marc, el hijo, al frente de la barra, le encantaba la de “verduras de invierno”. ¿Harto del revoloteo de las claras? “No, las como a diario”.</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<div>
<p><span>Mis únicos <em>peros </em>fueron a la de manzana con cebolla dulce  (dulce, claro) y a la de calçots, que también disgustó al cocinero. “Ha salido una grasilla…”. La discusión de “con cebolla” o “sin cebolla” es, en este tortillar, ridícula. Cebolla y un centenar de ingredientes más.</span></p>
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<p><span><br />
</span></p>
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<p>La de boloñesa había sido levantada con 11 huevos.</p>
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<p><span>La de cruasanes, con ocho.</span></p>
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<div>
<p><span>Monumentos a la lentitud, trabajados “durante  tres cuartos de hora”. Si alguna vez la tortilla se pone de moda –y puede pasar, y merece pasar– recordemos que Joan Antoni Miró fue pionero. Rompió la cáscara hace tres décadas.</span></p>
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<p><span><span style="font-family: inherit"><strong><br />
</strong></span></span></p>
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<p><span><span style="font-family: inherit"><strong>PICA-PICA</strong></span></span></p>
</div>
<div>
<p><span><strong>Atención:</strong> a la web de la casa, <a href="http://www.lestruites.cat/" class="liexternal previewlink">www.lestruites.cat</a>, con fotografías de las piezas.</span></p>
</div>
<div>
<p><span><strong>Recomendable para:</strong> los que buscan el virtuosismo en lugares inesperados</span></p>
</div>
<div>
<p><span><strong>Que huyan:</strong> los <em>tortillofóbicos</em> y los sosos de la tortilla a la francesa.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><span><br />
</span></div>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>Pakta</title>
		<link>http://rdp.elperiodico.com/restaurante/pakta</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Apr 2013 11:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Albert Adrià]]></category>
		<category><![CDATA[El Equipo Creativo]]></category>
		<category><![CDATA[hermanos Iglesias]]></category>
		<category><![CDATA[Humberto Sato]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Muñoz]]></category>
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		<category><![CDATA[Tickets]]></category>

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		<description><![CDATA[Albert Adrià está planificando la clonación: después de la apertura del nikkei Pakta llegan, al menos, dos negocios nuevos, más la remodelación del 41º Experience. Seis espacios que vigilar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47280"></div></div><div id="attachment_4729" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><img class="size-full wp-image-4729" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/04/Pakta.jpg" alt="Kyoko Li, Albert Adrià y Jorge Muñoz, ante los hilos de colores de Pakta. Foto: Danny Caminal" width="490" height="326" /><p class="wp-caption-text">Kyoko Li, Albert Adrià y Jorge Muñoz, ante los hilos de colores de Pakta. Foto: Danny Caminal</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Dirección: Lleida, 5. Barcelona.</li>
<li>Para las reservas: www.pakta.es</li>
<li>Preu: 80 € aprox. (sin vino).</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Hilos que unen</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>Albert Adrià está planificando la clonación: después de la apertura del nikkei<em> </em>Pakta llegan, al menos, dos negocios nuevos, más la remodelación del 41º Experience. Seis espacios que vigilar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si Albert fuese un zascandil, haría como que controla con un ojo bizco pero es un obseso de la perfección, así que lo imagino dando vueltas como el caballito de madera de un tiovivo gastro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los hermanos Iglesias, administradores de este Gastronómik Park del Paral.lel y alrededores, le tendrán que poner una bici con motor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La terminología es escamosa y el término nikkei no escapa a esa propiedad reptil. Se debate si fue Humberto Sato el primero en trasladar la melancolía de los emigrantes japoneses al restaurante a finales de los años 70 en Lima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre una invención, Albert ha practicado la reinvención o la aproximación desde la libertad. “Hemos mezclado mundos. La cocina japonesa tiene tonos más bajos, a diferencia de la peruana, más alta, con más color. Hemos pensado en dúos: países bañados por el océano, los tejidos tienen carga simbólica, el monte Fuji y Machu Picchu”, razona Albert, que elogia el trabajo de El Equipo Creativo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con hilos de colores han tejido un techo, un cielo, una selva. En quechua, Pakta significa juntos, unión. Bebo una copa de pisco sour y otra de sake Dassai 23.</p>
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<p>En busca de esa coherencia que fue mandamiento bulliniano, divide las responsabilidades<em> </em>entre dos cabezas, más la suya. La de la japonesa Kyoko Li y la del peruano Jorge Muñoz.</p>
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<p>Sabía de los manejos de Kyoko con el arroz porque probé sus nigiris en otra ocasión. Se acostumbra a elogiar el corte del pescado si bien donde los malos sushiman planean las fechorías es debajo de las lascas, con las gramíneas secantes y apelmazadas.</p>
<p>Los granos de la chef son esponjosos y firmes, dos cualidades que no acostumbran a ir juntas. Para la tanda de nigiris, Albert planeó algunas maravillas, que me dejaron la boca como el belfo de un caballo, caído.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Maki causa”, dijo y era caballa ahumada con mayonesa de miso y, en sustitución del arroz, una patata enrollada, la causa limeña<strong>.</strong> Una diminuta escultura, como un <em>netsuke</em> japonés.</p>
<p>Los siguientes nigiris también fueron <em>netsukes,</em> filigranas talladas: el de salmón salvaje pintado con leche de tigre al wasabi, el de atún con aji panca (pimiento) y –redoble de tambores– el de papada de cerdo, fundente y fusionado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mejor gyoza que he comido en la vida (de cochinillo) y el mismo honor para el ají de gallina, suave como una crema facial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El anticucho de pierna de cordero quedó por detrás del tofu de aguacate con erizos, del temaki de atún, del tiradito de hamachi (pescado) con boniato, del cebiche de corvina y de la causa frita de pollo con mayonesa al estragón. El sorbete de naranja sanguina fue un placer rojo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras los 20 servicios tuve una digestión agradable, nada que ver con el ardor guerrero de los banquetes occidentales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ocho cocineros para 34 comensales: esa proporción o desproporción eleva el precio. Antes de abrir ya era uno de los restaurantes más deseados por los especialistas.</p>
<p>De  Nueva York a Londres, los periodistas escribirán sobre Pakta. Pero está en Barcelona.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PICA-PICA</strong></p>
<p><strong>Atención:</strong> a los atraídos por lo nikkei. En el mundo hay pocos ejemplos notables.</p>
<p><strong>Recomendable para:</strong> los amantes de la complejidad y la grandeza.</p>
<p><strong>Que huyan:</strong> los que se agobian con las reservas por internet.</p>
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]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://rdp.elperiodico.com/restaurante/pakta/feed</wfw:commentRss>
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		<title>Cercle d&#8217;Amics</title>
		<link>http://rdp.elperiodico.com/restaurante/cercle-damics</link>
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		<pubDate>Thu, 04 Apr 2013 12:18:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[ahumador]]></category>
		<category><![CDATA[Axarquía]]></category>
		<category><![CDATA[Cercle d'Amics]]></category>
		<category><![CDATA[cocina nórdica]]></category>
		<category><![CDATA[Dos Cielos]]></category>
		<category><![CDATA[Forn de la Trinitat]]></category>
		<category><![CDATA[Helsinki]]></category>
		<category><![CDATA[Jani Paasikoski]]></category>
		<category><![CDATA[Josper]]></category>
		<category><![CDATA[Omega 3]]></category>
		<category><![CDATA[Via Veneto]]></category>

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		<description><![CDATA[Jani Paasikoski estaba tan orgulloso del ahumador que acababa de importar de su Finlandia natal que quiso que la comida entera pasase por el tubo: “Es que quiero abrir un apartado especial en la carta”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47160"></div></div><div id="attachment_4717" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><img class="size-full wp-image-4717" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/04/Cercle-dAmics.jpg" alt="Salva Bastida (izquierda)  y Jani Paasikoski, bajo el techo 'gruyére' de Cercle d'Amics. Foto: Joan Puig" width="490" height="326" /><p class="wp-caption-text">Salva Bastida (izquierda) y Jani Paasikoski, bajo el techo &#039;gruyère&#039; de Cercle d&#039;Amics. Foto: Joan Puig</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Dirección: Rosselló, 209. Barcelona.</li>
<li>Teléfono: 93.237.89.02.</li>
<li>Precio: 35-40 € aprox. (sin vino).</li>
<li>Menús: 16, 45 y 35 €.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<h1></h1>
<h1>Ensayos con ahumador</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jani Paasikoski estaba tan orgulloso del ahumador que acababa de importar de su Finlandia natal que quiso que la comida entera pasase por el tubo: “Es que quiero abrir un apartado especial en la carta”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tuve, a partes iguales, curiosidad y miedo porque ya teoricé sobre el humo y sus virtudes y consecuencias al escribir sobre el restaurante Axarquía de El Prat.</p>
<p>No recomiendo a nadie un menú degustación tiznado porque el paladar acaba por asemejarse a un brasero, aunque tengo que decir que Jani manejó el cacharro con cuidado y sazonó lo justo con el gas, excepto en el bacalao alimonado, de textura tersa aunque desagradable en los extremos, agredidos en exceso.</p>
<p>No soy experto en chimeneas pero cuanto más grasa es la víctima mejor congenia con lo volátil. Los amiguitos con Omega 3 son idóneos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Catalunya es un país humeante, especializado: las habituales parrillas de <em>costellada</em>, los asadores suramericanos, el Josper de los más modernos. Y el extraño objeto metálico llegado de Helsinki.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conocí al chef en la breve etapa de Etapes y fue un chasco porque a la semana de escribir la crónica, emigró. Espero que no vuelva a suceder.</p>
<p>Dos años después de aquello, lo reencuentro en Cercle d’Amics, el proyecto del restaurador venezolano Freddy Alvarado, con barra coctelera. A la manera de otras metrópolis, la ciudad intenta la agitación ciudadana por la vía del cóctel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gracias al paso por Via Veneto y Dos Cielos, es estimable la capacidad que ha tenido el finlandés de asimilar la cocina catalana, argumento principal de la carta, y solo ahora se ha atrevido al motor de  combustión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cilindro es sencillo: una resistencia, una plancha para las virutas y una parrilla para la vitualla.</p>
<p>Bien cerrado por ambos lados. Peso y tiempo es la ecuación. Jani aún está escribiendo las tablas. “Es una forma tradicional para conservar, muy antiguo. Los fines de semana, los finlandeses ahúman sobre hogueras sobre cajas. Es festivo, como ir a hacer una calçotada”, instruye.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tres aperitivos (sin ahumar), en los que sobresalió el paté de ave. Pan del Forn de la Trinitat (sin ahumar).</p>
<p>De  postre, unas buenísimas torrijas (sin ahumar).</p>
<p>El vino, un par de copas del monastrell ecológico de la casa Castaño (sin ahumar), sugerencia de Salva Bastida (sin ahumar), responsable de la sala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo demás, incluido un helado, pasó por la sauna. Le propuse ensayar con otros lácteos, como una mozzarella casera, incluso con huevos, tan permeables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada fue sobresaliente, lo mejor: un salmón (la ración, ocho minutos en el bote) con espuma de patata y huevas de trucha. Son tan buen amigos el pescado y el aparatejo que parece diseñado para él, y probablemente haya sido así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Planea para la carta de primavera una ensaladilla nórdica en la que sustituirá el atún por lascas asalmonadas. El salmonete, de notable tamaño, con risotto al azafrán, cumplió. Y a la chuleta con miel le falto un poco de cocción al vacío en la Roner para que la carne se deshiciera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El humo como ingrediente, el humo como estilo, el humo como seda.</p>
<p>Nunca el humo como barricada, agresión, rueda quemada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PICA-PICA</strong></p>
<p><strong>Atención:</strong> a los que crean imposible el dúo <em>buen menú 16 euros-Eixample</em>.</p>
<p><strong>Recomendable para:</strong> los que quieran iniciarse en el ahumado finlandés casero.</p>
<p><strong>Que huyan:</strong> los intimidados por los restaurantes con velas.</p>
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]]></content:encoded>
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		<title>Axarquía</title>
		<link>http://rdp.elperiodico.com/restaurante/axarquia</link>
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		<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 12:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[#arrozparauno]]></category>
		<category><![CDATA[Axarquía]]></category>
		<category><![CDATA[El Prat]]></category>
		<category><![CDATA[Guau]]></category>
		<category><![CDATA[Parc Agrari]]></category>
		<category><![CDATA[pota blava]]></category>
		<category><![CDATA[raza Prat]]></category>
		<category><![CDATA[Tomás Rodríguez]]></category>

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		<description><![CDATA[Los cocineros jóvenes se encuentran cómodos entre humos. La ceniza como señal, como discreto símbolo para iniciados. Las brasas viajan desde los orígenes hasta este fin de los tiempos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-47000"></div></div><div id="attachment_4703" class="wp-caption aligncenter" style="width: 500px"><img class="size-full wp-image-4703" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/03/Axarquía1.jpg" alt="Elías Gallardo, Tomás Rodríguez, Luis Pintor (detrás) y Gabriel Tavares, en Axarquía. Foto: Joan Cortadellas" width="490" height="321" /><p class="wp-caption-text">Elías Gallardo, Tomás Rodríguez, Luis Pintor (detrás) y Gabriel Tavares, en Axarquía. Foto: Joan Cortadellas</p></div>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Dirección: Jaume Casanovas, 6. El Prat de Llobregat.</li>
<li>Teléfono: 93.181.32.30.</li>
<li>Precio: 25-30 € aprox. (sin vino).</li>
<li>Menú de mediodía: 11,50.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Tomás ‘pota blava’</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los cocineros jóvenes se encuentran cómodos entre humos.</p>
<p>La ceniza como señal, como discreto símbolo para iniciados. Las brasas viajan desde los orígenes hasta este fin de los tiempos. La vanguardia hurga en los rescoldos. Parrillas móviles silbando entre ascuas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los recomendados recientes que caminan sobre brasas, Ariadna Julián en El Fil d’Ariadna, que comparte con Tomás Rodríguez (1981) algunas cosas: la fe en el horno Josper, de patente catalana, y el paso por Can Fabes antes del cataclismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por inestable y volátil, el manejo del humo es complejo: cuando el ahumador se excede, el fogonazo de hidrocarburos deja al comensal con la sensación de estar lamiendo la rueda de un camión. La prudencia, por el contrario, consigue el envolvimiento. Aseda, abriga el producto con una piel gaseosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El ejemplo es el pollo de <em>pota blava</em> –raza Prat– con gírgola, una seta por la que no habría dado un euro antes de ser transformada por el Josper. Tomás cocina el bicho de maravilla, con miel y lima, integrando lo vaporoso a la solidez del ave, de unos cuatro kilos y cresta arrabalera.</p>
<p>La lima sobre el muslo acharolado propone un cambio de dirección gustativa.</p>
<p>“Todo lo pasamos por la brasa. Ahora estamos jugando con el humo. Estoy entusiasmado”. Mesura, Tomás, mesura, que vas bien. Que el humo sea un aliado y no el enemigo lacrimógeno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ir a El Prat y no comer <em>pota blava</em> o alcachofas del Parc Agrari es como desplazarse al aeropuerto y quedarse en tierra. Las alcachofas con ajos tiernos –y jamoncito pecaminoso– son una loa a lo vegetal.</p>
<p>Sigo la línea de lo verde, como un Pulgarcito con sobrepeso, con las habitas que cercan los salmonetes albardados, excelentes cilindros a los que les sentaría mejor la sutileza de la <em>cansalada</em> ibérica. La carne blanca del pescado rojizo queda perfectamente protegida con la funda. Y se funde en la boca.</p>
<p>El paté de perdiz de caza con moscatel es un buen tiro.</p>
<p>Las orejas se me mueven con el #arrozparauno, presentado en cazuelita de hierro y tapa, gramínea negra rota con el blanco del pulpo. Un exceso de sal me impide <em>hacer el Dumbo</em>, aplaudir con las orejas.</p>
<p>El cocinero es cardenalicio: te absuelve y te condena, te da lo vegetal y te da lo graso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La carrera de Tomás siempre ha sido a bordo de vehículos clásicos: Reno, Evo, Dos Cielos. Con la ayuda de los padres, propietarios de una carnicería, puso a cacarear Axarquía en agosto. El nombre fue una promesa a la madre y a la abuela y a esa Axarquía natal y malagueña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Local nuevo y equipo veterano, encabezado por Luis Pintor en la sala, colega de los días de Can Fabes, que propone un maridaje tranquilo con la cerveza Inèdit, el blanco Tayaimgut y el tinto Llavors.</p>
<p>Se aparta de Catalunya con el pedro ximénez, dulce betún para guiar los buñuelos de manzana con helado de caramelo. Elías Gallardo y Gabriel Tavares completan el <em>pal de paller</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tomás es un cocinero <em>pota blava</em>, hociqueador del territorio. El pico fuerte golpeando la tierra, buscando, el espolón afilado, la cresta brava. El gurmet volador haría bien en interesarse por él, siguiendo las señales de humo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><strong>PICA-PICA</strong></p>
<p><strong>Atención:</strong> a los buscadores de menús chollazos. Este cuesta 11,50 euros.</p>
<p><strong>Recomendable para:</strong> los defensores del #arrozparauno y el producto cercano.</p>
<p><strong>Que huyan:</strong> los que se aturullan con el bullicio. Los mediodías llenan.</p>
<p>&nbsp;</p>
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]]></content:encoded>
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	<georss:point>41.3301549 2.0929383</georss:point><geo:lat>41.3301549</geo:lat><geo:long>2.0929383</geo:long>	</item>
		<item>
		<title>Maràngels</title>
		<link>http://rdp.elperiodico.com/restaurante/marangels</link>
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		<pubDate>Thu, 21 Mar 2013 15:23:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pau Arenós</dc:creator>
				<category><![CDATA[restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[Ànec Blau]]></category>
		<category><![CDATA[Girona]]></category>
		<category><![CDATA[Maràngels]]></category>
		<category><![CDATA[Martí Fabra]]></category>
		<category><![CDATA[masia]]></category>
		<category><![CDATA[Sant Gregori]]></category>
		<category><![CDATA[Vall de Llémena]]></category>
		<category><![CDATA[Xesco Mas]]></category>

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		<description><![CDATA[La actitud del cocinero Xesco Mas es óptima, constructiva. Limpio de arrogancia y de otros tóxicos, quiere saber, pregunta, discurre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-46920"></div></div><div id="attachment_4693" class="wp-caption aligncenter" style="width: 499px"><img class="size-full wp-image-4693" src="http://rdp.elperiodico.com/wp-content/uploads/2013/03/Maràngels.jpg" alt="Xesco Mas con una hierba aromática ante la fachada de Maràngels. Foto: Joan Castro / Iconna" width="489" height="326" /><p class="wp-caption-text">Xesco Mas con una hierba aromática ante la fachada de Maràngels. Foto: Joan Castro / Iconna</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<ul>
<li>Dirección: Can Quelot, s/n. Sant Gregori (Girona).</li>
<li>Teléfono: 972.42.91.59.</li>
<li>Precio aprox: 40-45 € (sin vino).</li>
<li>Menús: 20, 30, 44 y 55 €.</li>
</ul>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<h1></h1>
<h1>¿Cómo hay que reinventarse?</h1>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span lang="ES-TRAD">La actitud del cocinero Xesco Mas es óptima, constructiva.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">Limpio de arrogancia y de otros tóxicos, quiere saber, pregunta, discurre.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">Los cocineros andan desorientado, adivinando el camino en el desierto mientras la arena enciende los ojos. ¿Cuál es el futuro, por dónde soplará la tramontana?</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">Se disculpa por las croquetas –la de jamón es de primera– y el <em>tartar</em> porque están “de moda”, sin aclarar si eso es bueno o pernicioso. “Nos hemos tenido que adaptar. Nos encantaría que llegasen gastrónomos de todo el mundo, pero nuestro objetivo es la gente del territorio”, se explaya el cocinero, veterano de la cocina desde los 15 años, hijo de Miquel Mas, que tuvo fama y estrella en el establecimiento Ànec Blau en Vic. “Yo nací en una cazuela”, resume.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">En la sobremesa, tras una comida elegante y sólida, hablamos de ese territorio, del entorno, de la Vall de Llémena, donde se enclava Maràngels, y de la elección de un producto fetiche sobre el que especializarse, investigar, llamar la atención del público y los especialistas.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">Los chefs urbanos están privados del paisaje, el horizonte es la calle. Los que se afanan rodeados de bosques y prados, ¿no deberían exprimir al máximo el verde, el marrón, los tonos de la tierra?</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">El edificio de Maràngels, del siglo XVII, habla sobre la cocina de Xesco: enraizada, firme, a resguardo de la ventolera mediática. Eva Márquez, pareja y directora de la casa, sirve un mini gintónic de bienvenida. No sufro de paludismo, detesto la tónica, pero disfruto del traguito con inesperado placer. Como he entrado con grado alcohólico, intento ser prudente: agua y una copita de Martí Fabra 2009. Hola, amigo <em>mosso</em>.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">La carta de vinos es maja, completa, consciente del suelo sobre el que se levanta. Elaboran el pan, con una “masa madre con dos años”, que van alimentando. La frase conmueve porque incluye la palabra <em>madre</em>.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">Bajo la <em>volta</em>, a refugio, Xesco pasa las ofrendas: las alcachofas rebozadas con jamón de cerdo duroc. Es franco, la buena cocina no se puede construir sobre el embuste. “El jamón está caliente, no vale la pena usar un ibérico”. El duroc de Riudellots cumple.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">Calamarcitos salteados con patatas de mortero y huevo roto: ¿quieres modernidad?, ¡revuelve y será un Pollock! Y otra patata, esta, para sostener un <em>suquet</em> de rape y gambas, <em>post suquet</em> sobre el que trabajar a fondo.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">El plato de la rendición es el rabo de buey con verduras escabechadas (“¿vaca o buey?”, “buey danés”). El rabo va tocado o envuelto con mantellina, endomingado. “Somos un equipo muy pequeño, así que no hay nada superfluo”. Lo justo, lo exacto, lo necesario. Una masía repele la frivolidad.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">El postre es el revulsivo: “La idea es un crocanti de aquellos de Frigo. Cuando era joven añadía Nescafé y Grand Marnier”.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">La fábrica de Nestlé está cerca, el aroma a café da un latigazo cuando pasas con el coche.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">Ese dulce cuenta una historia. Esa historia tiene que ver con Xesco. “¿Cómo hay que reiventarse?”. Mirando en el interior, mirando en el exterior. Siendo único. El <em>biscuit glacé</em> es un principio.</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD">No sé si eso da dinero, pero mantiene al cocinero activo, despierto, estimulado, con ganas de morder.</span></p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><span lang="ES-TRAD"><strong>PICA-PICA</strong></span></p>
</div>
<div>
<p><strong>Atención:</strong> a la Vall de Llémena y su suelo trufero.</p>
</div>
<div>
<p><strong>Recomendable para:</strong> los que deseen oxigenarse sin alejarse de Girona. Está al lado.</p>
<p><strong>Que huyan:</strong> los que asocian las masías a cántaros y carne a la brasa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<div><span lang="ES-TRAD"><br />
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