
José Manuel García, ante un espejo de Famen. Foto: Joan Puig
- Dirección: Ramis, 2-4. Barcelona.
- Teléfono: 93.210.59.00.
- Menú mediodía: 11,90.
- Precio medio (sin vino): 30 euros.
Billete de cercanías
La riqueza culinaria de un territorio se mide con multitud de ingredientes, también por la variedad de restaurantes.
Es indispensable disponer de AVE o AVG, alta velocidad gastronómica, máquinas de vanguardia que arrastran.
Aún más necesaria es la red fiable y complaciente de cercanías: traducido a lenguaje de mantel, restaurantes de barrio.
Famen, en Gràcia, sirve a los pasajeros de lo cotidiano, que esperan llegar a hora y sin sobresaltos.
Fui dos veces a ese comedor rectangular junto a la plaza de John Lennon, que cantaba a las fresas lisérgicas.
La primera, muy satisfactoria, para conocer el menú de mediodía –a 11,90 euros, 13 con el café–, la versión cercanías.
Una semana después, para subirme a la carta, que en términos ferroviarios sería de media distancia. Pagué 32,10 euros sin postre y con una sencillita caña y salí confundido: no era el doble de bueno, pero sí más del doble de caro. ¿Por qué? El producto, sospecho.
La gravosa presa ibérica, de discutible cocción, un taco gordo cocinado sobre la parrilla, había sido adquirida a un distribuidor fiable, «pagada muy cara», según el dueño y cocinero de Famen, José Manuel García (Barcelona, 1972), baqueteado en el grupo Tragaluz, el Repla y el Hotel Havana.
De tediosa masticación, poseída por el efecto chiclet, algún pedazo de presa regresó a la cocina y eso que soy una piraña: de un trozo de carne solo dejo la etiqueta. También prometía un escabeche oriental que no supe encontrar, si bien el trigo pelado y el hinojo eran deliciosos.
¿Por qué si tuve el tropiezo recomiendo este sitio? Porque el menú de mediodía está a un pasito de los MMB, los Mejores Menús de Barcelona.
Abundante y currado, pensé que era posible que hubiese más en el estadio superior, la carta, donde el chef demuestra la querencia por lo asiático. «Aunque no he estado nunca en esos países, es lo que he aprendido y me gusta mucho».
Salió airoso con las gyozas, las empanadillas japonesas, con salsa agridulce, y quedó un poco atrás con los calamares rebozados con panko (¿romana-japonés?) y aderezo tártaro.
Las combinaciones podrían haber sido al contrario, las gyozas tartarizadas y el calamar con chili dulce porque proponen conjuntar las tapas y el salseo (chimichurri, romesco, allioli).
Pastas, arroces, carpachos (el de idiazábal suena a broma), cocina de no lugar. Advertir que no reservan al mediodía.
En cuanto a la primera jornada y el casi MMB, un vinito frío de Tarragona, buen pan de un horno del barrio, aceitunas, agua en botella fosforita, muy llamativa.
Coca de berenjena, queso y champiñones; excelente merluza con un suquet rico, gamba y dos cigalas. Y un tatín de pera golosísimo.
En ambas visitas, me aturdió la mala insonorización y, por si no había suficiente ruido, las ráfagas de música ambiental.
Un buen servicio de cercanías merece una mejor acústica.






